En la etapa media de los estudios en Chile, específicamente
en la formación en cuanto al plan electivo humanista, en el ramo de
"Ciudad contemporánea", el profesor nos planteó una actividad que
contemplaba el desarrollo de una tabla que ordenaba los estereotipos por su
ámbito, principales personas afectadas, entre otros parámetros. Me pareció una
actividad formativa interesante. El profesor estableció los temas a considerar
para completar la tabla, en los que se encontraban los estereotipos sociales,
étnicos y de género. Mis compañeros aportaron con ideas, mencionando los
estereotipos en cuanto a las clases sociales, grupos étnicos y estereotipos de
género, tanto femeninos como masculinos. Yo me quedé atenta a la dinámica de la
actividad y pensando en mi experiencia en este curso, esperé el momento
adecuado y le pedí al profesor que por favor me cediera el marcador unos
minutos, entonces me levante de la silla, me dirigí al pizarrón y borré la
línea entre étnicos y de género y escribí: "Estereotipos étnicos de
género". Y todos guardaron silencio un rato hasta que el profesor habló,
agradeciendo mi intervención. Yo, expliqué que sobre todo en nuestra zona, zona
sur de Chile, la población femenina y mapuche es de dimensiones considerables,
que muy pocas veces nos deteníamos a pensar en los roles de género, o deberes y
derechos en cuanto a género dentro de una etnia, ya sea de Chile o del mundo, y
que era el momento de darles su espacio, de darles el lugar que se merecen.
Me di cuenta de que el programa curricular, no tiene en
cuenta a las minorías, sino para darles una leve pincelada, para estereotipar y
para crearnos ideas erróneas de lo que es una cultura y su rol en cuanto a
género en la sociedad. Me sentí tremendamente satisfecha de haber hecho un
aporte a la clase, tomando los conocimientos que adquirí en este curso y
llevándolo a mi realidad y con esa simple acción me sentí llamada a mejorar la
calidad de educación que reciben mis compañeros y la gente que me rodea.
Por ejemplo, este vacío, falta de sentido de la realidad y
falta a la verdad, no solo abarca al subsector ya nombrado sino también a otros
como lo son historia, lenguaje, entre otros que deberían adquirir, de mano del
profesor y de los ajustes curriculares pertinentes, una mirada que no sublime
lo que fue la conquista española y la cultura occidental, y más centrada en
nuestra realidad, en la verdadera historia que versa sobre una ruptura en
esquemas tanto para occidentales, como naturales de américa, pues para ellos
significó renunciar a dogmas y para nosotros, a nuestra libertad. Con la
colonización también, se cambió la concepción del género femenino, pues para
las culturas existentes en américa, la mujer no era menos humana o inferior, no
era un objeto ni mucho menos un animal; tema que se desvirtúa cuando se enseña
la historia de nuestro país y de las culturas americanas.
Pienso que es necesario examinar la forma en que se tratan
temas tan importantes como los son la historia y mucho más si hablamos de
nuestra propia historia. Es necesario volver a estructurar la forma en la que
se abordan estos contenidos, haciéndolos inclusivos, sensibles a la realidad
nacional. Por ejemplo, hablar de cultura y de género, estableciendo paralelos
en nuestra historia, evaluándonos en la actualidad y proyectándonos al futuro;
para algún día ver la repercusión de lo aprendido y los sembrado en el proceso
educativo y formativo de los estudiantes; seres críticos, conscientes de su
historia, y con ideas para el cambio en un futuro cercano, ciudadanos y
ciudadanas deseosos de un país más equitativo para todos y para todas. Porque
la educación es la base, y si ésta es deficitaria, lo más probable es que los
estudiantes no estén preparados para enfrentar problemáticas como la desigualdad
en ámbitos económico, social y cultural, o cualquier problemática en general.
Es el momento de darnos cuenta que las carencias son mucho más profundas de lo
que pensamos, que nuestros niños y los jóvenes no están recibiendo las
herramientas necesarias para ser los responsables de formar un mundo más
humano, sin importar la raza, situación socio-económica o el género.

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