sábado, 31 de octubre de 2015

El nuevo ciudadano

 

Les presento un ensayo sobre el Estado, trabajo que plantea la tesis de formar al "nuevo ciudadano" para conseguir el bien común.     


“Si el Estado es un cuerpo humano, ciudadanos somos brazos y piernas.”


Si quisiéramos entender la naturaleza y el funcionamiento de los gobiernos, nos cabe detenernos a preguntar, entonces, qué es el Estado, y a su vez, por qué o quienes está conformado. Y es precisamente en ese punto cuando podemos vislumbrar que es el ciudadano, la unidad básica y de mayor número, de este ordenamiento que a lo largo del tiempo ha evolucionado, gracias a que estos entes lo hacen continua y paulatinamente. No existe objeto de estudio más versátil y cambiante que el ser humano.
 “La diferencia entre “un grupo de personas” y “una  sociedad” no reside en la apariencia sino en su conducta.”  Aki Orr, escritor y político activista Isrraelí, La política sin políticos.
Entonces, Podemos considerar como premisa que, el Estado, en cualquiera de sus formas, se encuentra formado básicamente por ciudadanos, seres humanos con determinadas cualidades y facultades, dependiendo de las libertades que se les entregue por parte del régimen de paso. Pero, enfocándonos en nuestro país, Chile, ¿Qué tipos de ciudadanos existen e interactúan entre sí? Cual bestiario, podríamos clasificarlos según sus características, la forma en que se desenvuelven y estereotipando.
El ciudadano ideal, sería un individuo que se siente innatamente invitado a formar parte del orden social, involucrándose activamente en las decisiones, manteniéndose al tanto de la realidad nacional, el acontecer diario en su entorno inmediato y en general, todo aquello que altere el orden, ya sea para bien o para mal; siendo un agente de cambio. Sin dudarlo, pondríamos a Sócrates como un claro ejemplo de éste ciudadano ideal, pues representa la objetividad de la moral y la ley siendo él mismo la encarnación del buen ciudadano (del que suele hablar), que vive gustoso en su ciudad y que lucha valientemente en sus filas, que casi nunca sale de ella y que antes de ser desterrado y perder su ciudadanía o huir pasando por encima de la constitución y las leyes, prefiere morir.
El modelo de ciudadano, en la antigua Grecia se entendía de dos formas distintas:
- Una consideraba ciudadanos al conjunto de los hombres libres. El ejemplo principal fue Atenas
- Otras sólo consideraban ciudadanos a una selecta minoría o aristocracia. El ejemplo principal fue Esparta.
Dos entendimientos prácticamente obsoletos hoy por hoy.
Siendo otro sesgo, hablamos del ciudadano antiguo, una persona con costumbres muy arraigadas, ideales de antaño, con necesidades de antaño, y edad no menor, que si bien se podría considerar menos importante, son quienes hoy en día están tomando las decisiones, quienes acuden en su mayoría a votar y a participar de los procesos democráticos, aun cuando en Chile el voto sea voluntario, para ellos es una obligación. Gracias a la masiva participación de este grupo, es que tenemos como resultado, a candidatos electos según la conciencia y entendimiento de personas que no son representativas.
En contraposición al ciudadano ideal y al ciudadano antiguo, tenemos la realidad de ciudadano que es en verdad un grupo mayoritario de la población, jóvenes en su mayoría. Es perfilado y se auto entiende como una persona insatisfecha con la organización y desempeño político, lo que lo lleva a desligarse de la vida civil, no participar en procesos democráticos y a culpar a los políticos de casi todos los males que aquejan a la humanidad. Una causa de este fenómeno es según Tatiana Clouthier, académica y activista mexicana, sería que “…los partidos se han alejado de la sociedad, y al alejarse de la sociedad han hecho que la sociedad le importe menos los partidos y se despreocupe de lo que está sucediendo en el ámbito político.” Así también que “un 5% de la población participa en política, y el resto se deja manejar por este 4 o 5%”.
Tras analizar estos estereotipos de ciudadano, nos queda pensar qué es lo que en verdad necesita nuestro país. En respuesta a esto he intentado crear el perfil de lo que llamo: “el nuevo ciudadano”, un individuo que toma un poco de cada uno de los grupos antes mencionados; es mucho del ciudadano ideal pero en tiempos modernos, tiene el respeto y los principios claros, como el ciudadano antiguo, pero es en número y energía, como el ciudadano real. ¿Utópico, no creen? Claro que sí.
Si cada integrante de la sociedad actual se perfilara de esta manera, no hablaríamos de muchas de las catástrofes sociales que hoy aquejan al mundo.
En mi intención por dar respuesta a la interrogante: ¿Qué está sucediendo con los seres cívicos chilenos? ¿Dónde están?, he necesitado voltear mi mirada a los nacientes ciudadanos, seres entre la tardía pubertad y la temprana juventud, mis pares. Es más claro que entre esta amplia variedad de seres, se encuentra al final de la lista el interés por participar en el ámbito político.
Pero cómo podemos alcanzar a configurar este tipo de ciudadanos, sin la necesidad de transgredir los intereses personales y los derechos individuales. Para esto pienso que es necesario acudir al método más minucioso y complejo, la educación. Está claro que los seres humanos por naturaleza, tenemos la necesidad de vivir en comunidad, en sociedad, por lo tanto somos innatamente seres políticos, pero si nadie nos enseña o despierta en nosotros el interés por integrarnos de lleno en la configuración social, jamás lograremos cumplir con la búsqueda del bien común. A través de la educación es que podemos alcanzar configurar el entendimiento social, sentirse parte de algo mucho más grande y poderoso, que necesita de mí, para ser un Estado y un Estado Democrático.
En chile, el director de la iniciativa que pretende implementar la educación cívica a la malla curricular en los cursos de séptimo a cuarto medio, Gonzalo Villela manifestó que "El escenario político en nuestro país no pasa por un buen momento. Entre la tensa relación entre el financiamiento de la política y los negocios, con los casos Penta y Caval, los políticos, la actividad política y la democracia, han ido perdiendo credibilidad entre los que confiamos en que ella puede ser realmente una herramienta para la transformación y el desarrollo de nuestro país". Hoy en día nadie está ajeno a las controversias entorno a variadas figuras públicas en lo político, lo que de inmediato logró en la población acrecentar lo que desde hace mucho se viene pensando; que en la política, mandan los corruptos.

Así es que pienso fielmente que la respuesta está en la educación cívica. Un ciudadano informado que se siente partícipe y comprometido, es un ciudadano que aporta y que colabora al crecimiento y al desarrollo de su país.

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