Les presento un ensayo sobre el Estado, trabajo que plantea la tesis de formar al "nuevo ciudadano" para conseguir el bien común.
“Si el
Estado es un cuerpo humano, ciudadanos somos brazos y piernas.”
Si quisiéramos
entender la naturaleza y el funcionamiento de los gobiernos, nos cabe
detenernos a preguntar, entonces, qué es el Estado, y a su vez, por qué o quienes
está conformado. Y es precisamente en ese punto cuando podemos vislumbrar que
es el ciudadano, la unidad básica y de mayor número, de este ordenamiento que a
lo largo del tiempo ha evolucionado, gracias a que estos entes lo hacen
continua y paulatinamente. No existe objeto de estudio más versátil y cambiante
que el ser humano.
“La
diferencia entre “un grupo de personas” y “una
sociedad” no reside en la apariencia sino en su conducta.” Aki Orr,
escritor y político activista Isrraelí, La
política sin políticos.
Entonces, Podemos considerar
como premisa que, el Estado, en cualquiera de sus formas, se encuentra formado
básicamente por ciudadanos, seres humanos con determinadas cualidades y
facultades, dependiendo de las libertades que se les entregue por parte del
régimen de paso. Pero, enfocándonos en nuestro país, Chile, ¿Qué tipos de
ciudadanos existen e interactúan entre sí? Cual bestiario, podríamos
clasificarlos según sus características, la forma en que se desenvuelven y
estereotipando.
El ciudadano ideal, sería un individuo que
se siente innatamente invitado a formar parte del orden social, involucrándose
activamente en las decisiones, manteniéndose al tanto de la realidad nacional,
el acontecer diario en su entorno inmediato y en general, todo aquello que
altere el orden, ya sea para bien o para mal; siendo un agente de cambio. Sin
dudarlo, pondríamos a Sócrates como un claro ejemplo de éste ciudadano ideal,
pues representa la objetividad de la moral y la ley siendo él mismo la
encarnación del buen ciudadano (del que suele hablar), que vive gustoso en su ciudad
y que lucha valientemente en sus filas, que casi nunca sale de ella y que antes
de ser desterrado y perder su ciudadanía o huir pasando por encima de la
constitución y las leyes, prefiere morir.
El modelo de
ciudadano, en la antigua Grecia se entendía de dos formas distintas:
- Una consideraba
ciudadanos al conjunto de los hombres libres. El ejemplo principal fue Atenas
- Otras sólo
consideraban ciudadanos a una selecta minoría o aristocracia. El ejemplo
principal fue Esparta.
Dos entendimientos
prácticamente obsoletos hoy por hoy.
Siendo otro sesgo,
hablamos del ciudadano antiguo, una
persona con costumbres muy arraigadas, ideales de antaño, con necesidades de
antaño, y edad no menor, que si bien se podría considerar menos importante, son
quienes hoy en día están tomando las decisiones, quienes acuden en su mayoría a
votar y a participar de los procesos democráticos, aun cuando en Chile el voto
sea voluntario, para ellos es una obligación. Gracias a la masiva participación
de este grupo, es que tenemos como resultado, a candidatos electos según la
conciencia y entendimiento de personas que no son representativas.
En contraposición al
ciudadano ideal y al ciudadano antiguo, tenemos la realidad de ciudadano que es en verdad un grupo mayoritario de la
población, jóvenes en su mayoría. Es perfilado y se auto entiende como una
persona insatisfecha con la organización y desempeño político, lo que lo lleva
a desligarse de la vida civil, no participar en procesos democráticos y a
culpar a los políticos de casi todos los males que aquejan a la humanidad. Una
causa de este fenómeno es según Tatiana Clouthier, académica y activista
mexicana, sería que “…los partidos se han
alejado de la sociedad, y al alejarse de la sociedad han hecho que la sociedad
le importe menos los partidos y se despreocupe de lo que está sucediendo en el
ámbito político.” Así también que “un
5% de la población participa en política, y el resto se deja manejar por este 4
o 5%”.
Tras analizar estos
estereotipos de ciudadano, nos queda pensar qué es lo que en verdad necesita
nuestro país. En respuesta a esto he intentado crear el perfil de lo que llamo:
“el nuevo ciudadano”, un individuo
que toma un poco de cada uno de los grupos antes mencionados; es mucho del
ciudadano ideal pero en tiempos modernos, tiene el respeto y los principios
claros, como el ciudadano antiguo, pero es en número y energía, como el
ciudadano real. ¿Utópico, no creen? Claro que sí.
Si cada integrante de
la sociedad actual se perfilara de esta manera, no hablaríamos de muchas de las
catástrofes sociales que hoy aquejan al mundo.
En mi intención por
dar respuesta a la interrogante: ¿Qué está sucediendo con los seres cívicos
chilenos? ¿Dónde están?, he necesitado voltear mi mirada a los nacientes
ciudadanos, seres entre la tardía pubertad y la temprana juventud, mis pares.
Es más claro que entre esta amplia variedad de seres, se encuentra al final de
la lista el interés por participar en el ámbito político.
Pero cómo podemos
alcanzar a configurar este tipo de ciudadanos, sin la necesidad de transgredir
los intereses personales y los derechos individuales. Para esto pienso que es
necesario acudir al método más minucioso y complejo, la educación. Está claro
que los seres humanos por naturaleza, tenemos la necesidad de vivir en
comunidad, en sociedad, por lo tanto somos innatamente seres políticos, pero si
nadie nos enseña o despierta en nosotros el interés por integrarnos de lleno en
la configuración social, jamás lograremos cumplir con la búsqueda del bien
común. A través de la educación es que podemos alcanzar configurar el
entendimiento social, sentirse parte de algo mucho más grande y poderoso, que
necesita de mí, para ser un Estado y un Estado Democrático.
En chile, el director
de la iniciativa que pretende implementar la educación cívica a la malla
curricular en los cursos de séptimo a cuarto medio, Gonzalo Villela manifestó
que "El escenario político en
nuestro país no pasa por un buen momento. Entre la tensa relación entre el
financiamiento de la política y los negocios, con los casos Penta y Caval, los
políticos, la actividad política y la democracia, han ido perdiendo
credibilidad entre los que confiamos en que ella puede ser realmente una
herramienta para la transformación y el desarrollo de nuestro país". Hoy
en día nadie está ajeno a las controversias entorno a variadas figuras públicas
en lo político, lo que de inmediato logró en la población acrecentar lo que
desde hace mucho se viene pensando; que en la política, mandan los corruptos.
Así es que pienso
fielmente que la respuesta está en la educación cívica. Un ciudadano informado que
se siente partícipe y comprometido, es un ciudadano que aporta y que colabora
al crecimiento y al desarrollo de su país.
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