Con la llegada a la pensión de su
madre de un nuevo huésped, Elena experimenta sensaciones y sentimientos nunca
antes vividos y que la llevaron a encenderse en llamas de deseo aun siendo una
niña.
“La transformación de Elena Mejías
coincidió con la llegada de Juan José Bernal, el Ruiseñor, como él mismo se
había apodado y como lo anunciaba un afiche que clavó en la pared de su
cuarto.”
El amor y desamor, el sufrimiento y
el abandono de una niña que no buscaba la perversión, sino más bien el afecto. Solo
el tiempo sabrá borrar lo que no borra la conciencia.
“¿De qué niña perversa le hablaba?
Para ella la infancia había quedado muy atrás y el dolor de ese primer amor
rechazado estaba bloqueado en algún lugar sellado de la memoria. No guardaba
ningún recuerdo de aquel jueves remoto.”

No hay comentarios:
Publicar un comentario